El otro día la red se llenó de referencias jocosas a las declaraciones de Cifuentes y Toni Cantó asimilando la PAH a ETA. Habría que puntualizar dos cosas. La magnitud de la indignación que parecían indicar la cantidad de comentarios, en twitter principalmente, se debe a la enorme popularidad y a la afección sincera que ha generado la PAH y sus acciones, incluso en el momento que han forzado la máquina con sus polémicos escraches.
Por otro lado, la estrategia de criminalización no es nueva, y conviene recordar la tibieza, pasividad e incluso complicidad de muchos sectores de la izquierda institucional, cuando se llevó a cabo el proceso de construcción de consenso entre la opinión pública que condujo a la aceptación mayoritaria de la ilegalización de gran parte de la izquierda abertzale, y de sus organizaciones políticas y sociales legítimas. Me parece que muy poca gente en la izquierda se da cuenta de que la estrategia del PP ahora no es una aberración ni una salida de tono, sino una continuación lógica de ese proceso ante el cual muchos callaron.Resulta muy instructivo leer los primeros capítulos del libro EL HOLOCAUSTO ESPAÑOL de Paul Preston, donde habla de los años de la República que precedieron a la Guerra Civil. Fue en esos años donde se forjó la alianza entre todos los sectores de la derecha estatal, burguesía, terratenientes, iglesia, ejército, guardia civil, derecha parlamentaria y fascismo, que Julio Anguita denominó hace poco franquismo antes de Franco. Esta alianza continúa hoy, en una especie de franquismo sin Franco a cuyos cantos de sirena sucumbió gran parte de la izquierda institucional, que decidió cambiar principios por cuotas de poder con la coartada de la democracia parlamentaria. Con el tiempo, estas cuotas de poder se han demostrado superfluas e incapaces de evitar que este franquismo sin Franco transforme el estado a su imagen y semejanza. El discurso de esta derecha siempre ha sido el mismo. La República era un régimen totalitario y terrorista y la represión franquista, justicia impartida contra el terror rojo. En esto no han cambiado.
Nosotros y nosotras somos el terror rojo, claro. Da igual si retamos a los bancos desde la PAH, a la unidad de la patria desde el independentismo, a las grandes empresas desde el sindicalismo combativo, o a los terratenientes desde las organizaciones campesinas u otros sindicatos como el SAT. Somos el terror rojo, el de siempre, el que debe ser combatido por todos los medios. Que nadie se deje engañar nunca más por cantos de sirena.