18 de junio de 2012

Grecia y la post-democracia europea

Ayer, domingo 17 de junio, quise haber estado en algunos de los sitios donde sabía que se reunía gente para seguir, en directo, los resultados de las elecciones griegas y compartir interpretaciones y análisis. Como tantas otras veces, me quedé en casa ocupándome de mi hijo de 3 años, uno de esos imperativos voluntarios que conocemos bien quienes militamos políticamente. Con un ojo puesto en la página web del gobierno griego, compartí con la madre de Simón esas luchas diarias tan prosaicas, tan reales, tan terrenales, que debemos enfrentar padres y madres cuando lidiamos con un hijo que nos supera en energía, carácter y rebeldía.

Entre idas y venidas, la pequeña decepción de ver que Syriza no conseguía recortar distancias con Nueva Democracia y que Antarsya perdía gran parte de su electorado, me impulsaba a pensar en las preocupaciones e inquietudes que en ese momento ocupaban mi cabeza y mi actividad. Conseguir que tu hijo abra la boca y coma una cucharada más de puré de verduras, pensar en las consecuencias económicas y políticas de una victoria electoral de la izquierda en Grecia. Casi parecen dos universos distintos ocupando el mismo espacio sin encontrarse. Agua y aceite.

Cuando en una sartén con aceite caliente dejamos caer una gota de agua, se produce una reacción violenta que lanza al aire gotitas hirvientes, que pueden llegar a abrasarte si te tocan. Tal vez sea ese choque, esa convulsión, lo que sentimos la primera vez que percibimos cómo nos afectan personalmente, a nuestra vida, nuestra familia, las cosas que ocurren en ese mundo lejano de los hombres con traje que nos miran desde su torre de marfil.

Hoy es día de huelga general en las cuencas mineras de Asturias. Un hecho que los medios de comunicación han intentado omitir, esconder, ocultar. La lucha de los mineros, que ya lleva días y que puede ser una mecha encendida que se acerca a un barril en el que no sabemos qué hay dentro, es consecuencia de ese chisporroteo violento en la sartén. El PP gana las elecciones y acelera en la carrera, iniciada por el gobierno del PSOE, por satisfacer a los mercados y a sus representantes políticos, la llamada “troika”. Esta carrera se corre sobre las cabezas de la clase trabajadora, que se hunde cada vez más en el lodo de la desesperación. Tal vez ese lejano 20 de noviembre de 2011, muchos de estos heroicos mineros que vemos en las imágenes con la cara tapada enfrentándose a la policía, le daban de comer a sus hijos o hijas mientras con un ojo seguían por la televisión el resultado de las elecciones, sin pensar que lo que estaba pasando, los resultados de esas elecciones, condenaría a esos hijos o hijas a la miseria, al abandono, al desastre.

En Grecia, con un 38% de los votos obtienes mayoría absoluta en el parlamento. Asumiendo que han votado un 60% del electorado, esto supondría que con el voto de un 22%, aproximadamente, un partido obtiene la mayoría absoluta. Esto se debe a que el anterior gobierno promulgó una reforma electoral que atribuye 50 diputados al partido más votados. De ahí que la diferencia en número de diputados entre Nueva Democracia y Syriza sea mucho mayor que su diferencia en votos.
Todas las leyes electorales en los países europeos tienen su aquello. Así hemos llegado a un bipartidismo estéril que nos inunda de tecnócratas y hombres con traje que se sonríen y se dan la mano los unos a los otros, comen y cenan en los mismos restaurantes mientras hablan de “sus” cosas.
No es una dictadura, claro. Una dictadura es otra cosa. Pero no cabe duda, y la actitud respecto a Grecia de los medios de comunicación y los demás voceros de las instituciones de poder lo ha demostrado, que la democracia en sí ya no es útil para mantener la estabilidad y la seguridad que requiere el sistema. A no ser que esta legitime unas políticas que no se van a cambiar sea cual sea el resultado de unas elecciones. No, esta post-democracia europea no es una dictadura, pero no cabe duda de que es un paso que nos aleja de eso que representa la democracia para quienes confiamos en ella como herramienta política fundamental: la idea de que las personas tenemos derechos, que estos son iguales para todos y todas y que las instituciones políticas deben velar por que se mantengan y respeten.

En Grecia hace tiempo que se fríe con agua. Por eso una izquierda a la izquierda le ha pateado el culo a esa izquierda descolorida y ruin, que unas décadas atrás se enfundó traje y coche oficial para ser aceptada en la torre de marfil de los señores y señoritos de siempre. Hoy podemos celebrarlo mientras cuidamos de nuestra familia, vamos al trabajo o lo buscamos, estudiamos o hacemos la colada, pero nuestro otro ojo debe estar pegado a los mineros asturianos, porque de ellos depende la realidad y el presente.