Entre idas y venidas, la pequeña decepción de ver que Syriza
no conseguía recortar distancias con Nueva Democracia y que Antarsya perdía
gran parte de su electorado, me impulsaba a pensar en las preocupaciones e
inquietudes que en ese momento ocupaban mi cabeza y mi actividad. Conseguir que
tu hijo abra la boca y coma una cucharada más de puré de verduras, pensar en
las consecuencias económicas y políticas de una victoria electoral de la
izquierda en Grecia. Casi parecen dos universos distintos ocupando el mismo
espacio sin encontrarse. Agua y aceite.
Cuando en una sartén con aceite caliente dejamos caer una
gota de agua, se produce una reacción violenta que lanza al aire gotitas
hirvientes, que pueden llegar a abrasarte si te tocan. Tal vez sea ese choque,
esa convulsión, lo que sentimos la primera vez que percibimos cómo nos afectan
personalmente, a nuestra vida, nuestra familia, las cosas que ocurren en ese
mundo lejano de los hombres con traje que nos miran desde su torre de marfil.
Hoy es día de huelga general en las cuencas mineras de
Asturias. Un hecho que los medios de comunicación han intentado omitir,
esconder, ocultar. La lucha de los mineros, que ya lleva días y que puede ser
una mecha encendida que se acerca a un barril en el que no sabemos qué hay
dentro, es consecuencia de ese chisporroteo violento en la sartén. El PP gana
las elecciones y acelera en la carrera, iniciada por el gobierno del PSOE, por
satisfacer a los mercados y a sus representantes políticos, la llamada
“troika”. Esta carrera se corre sobre las cabezas de la clase trabajadora, que
se hunde cada vez más en el lodo de la desesperación. Tal vez ese lejano 20 de
noviembre de 2011, muchos de estos heroicos mineros que vemos en las imágenes
con la cara tapada enfrentándose a la policía, le daban de comer a sus hijos o
hijas mientras con un ojo seguían por la televisión el resultado de las
elecciones, sin pensar que lo que estaba pasando, los resultados de esas
elecciones, condenaría a esos hijos o hijas a la miseria, al abandono, al
desastre.
En Grecia, con un 38% de los votos obtienes mayoría absoluta
en el parlamento. Asumiendo que han votado un 60% del electorado, esto
supondría que con el voto de un 22%, aproximadamente, un partido obtiene la
mayoría absoluta. Esto se debe a que el anterior gobierno promulgó una reforma
electoral que atribuye 50 diputados al partido más votados. De ahí que la
diferencia en número de diputados entre Nueva Democracia y Syriza sea mucho
mayor que su diferencia en votos.
Todas las leyes electorales en los países europeos tienen su
aquello. Así hemos llegado a un bipartidismo estéril que nos inunda de
tecnócratas y hombres con traje que se sonríen y se dan la mano los unos a los
otros, comen y cenan en los mismos restaurantes mientras hablan de “sus” cosas.
No es una dictadura, claro. Una dictadura es otra cosa. Pero
no cabe duda, y la actitud respecto a Grecia de los medios de comunicación y
los demás voceros de las instituciones de poder lo ha demostrado, que la
democracia en sí ya no es útil para mantener la estabilidad y la seguridad que
requiere el sistema. A no ser que esta legitime unas políticas que no se van a
cambiar sea cual sea el resultado de unas elecciones. No, esta post-democracia
europea no es una dictadura, pero no cabe duda de que es un paso que nos aleja
de eso que representa la democracia para quienes confiamos en ella como herramienta
política fundamental: la idea de que las personas tenemos derechos, que estos
son iguales para todos y todas y que las instituciones políticas deben velar
por que se mantengan y respeten.