28 de abril de 2013

En una Charla sobre el poder de las Mareas

El viernes pasado, 26 de abril, asistí como ponente a la charla organizada por En lucha Madrid sobre las Mareas y su potencial capacidad de hacer frente a los recortes del gobierno. Participé como miembro de la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadoras del Espectáculo, un espacio unitario de sindicatos del sector del audiovisual y el teatro que está intentando impulsar la Marea Roja de la Cultura.
Mi aportación fue pequeña, en congruencia con el estado incipiente de un proceso de lucha, en la cultura, que aun no ha logrado grandes hazañas. Fue impresionante sin embargo, escuchar las experiencias, de boca de sus protagonistas, de la gente de la marea blanca por la sanidad pública, de los afectados por la hipoteca, de los trabajadores y trabajadoras de Telemadrid y del Sindicato Andaluz de Trabajadores.El intercambio resultó fructífero y esclarecedor, y se evidenció la sintonía en cuanto a ciertos elementos que configuran la realidad que estamos viviendo.
Nos encontramos en un momento de cambio social hacia un nuevo paradigma en el que desaparecen los derechos sociales. Las clases dirigentes están aprovechando la crisis para empujar este cambio hacia una sociedad del sacrificio, el emprendimiento (lo que supone trabajar sin contrato, sin sueldo, sin horas extra, etc) y el predominio de lo privado sobre lo común (cada uno tendrá lo que pueda pagar).
Ante este cambio, hay diferentes niveles de movilización. Han emergido experiencias impresionantes en algunos sectores mientras otros se encuentran desmovilizados, presas del miedo y la angustia ante la catástrofe social que estamos atravesando. Pero hay dos elementos que emergen con claridad como contrapunto a esos miedos. Por un lado, el espíritu de unidad, cohesión y confluencia que ayuda a impulsar las luchas ahí donde surgen, y por otro, la táctica de la desobediencia civil, que las dota de un espíritu de trasgresión activa de este nuevo paradigma que nos intentan imponer. Estas experiencias sirven también para que la gente empiece a darse cuenta de la fuerza que tiene, de que sí se pueden conseguir victorias concretas que nos hagan avanzar a pesar de las dificultades y del poco margen para las reformas que permite la situación.
La crisis será larga. Nos queda un arduo camino por recorrer. Pero hemos superado el pacto social con el que se zanjó la Transición y que condujo a la desmovilización y a la institucionalización de la izquierda anti-franquista. De ahí el descrédito actual de esas organizaciones. Nos encontramos ahora en el proceso de construir una nueva tradición de lucha que recupere lo perdido con ese pacto, pero que teja también nuevas formas de articularse, organizarse y hacer frente a los conflictos.
En este sentido, es fundamental el papel de los sindicatos de clase. Hay que buscar formas originales de impulsar movilizaciones cuya radicalidad y seguimiento empujen a los sindicatos mayoritarios a ejercer su papel. Hay que superarlos, pero no desde la marginalidad a que nos conduce el sectarismo, sino considerando el papel crucial que debe jugar la clase trabajadora organizada en torno a ellos.
Finalmente, la representante de la PAH recordó algo fundamental. No se trata de recuperar un estado del bienestar que se ha demostrado débil e insuficiente, sino de construir una nueva sociedad en la que se pueda vivir en igualdad y con justicia y derechos sociales.