11 de diciembre de 2012

La situación

Y no es algo que le pasa a otra gente. Takiji Kobayashi EL PESQUERO

Hace un tiempo vimos el documental LA DOCTRINA DEL SHOCK, o leímos tal vez el libro de Naomi Klein, y algunos pudimos pensar que, si bien contenía gran parte de verdad, también contenía una visión de la realidad un tanto conspirativa. La historia es dinámica y se mueve empujada por sus contradicciones. Si bien es cierto que la hacen las personas. La idea de un grupo de individuos planificando desde una universidad el futuro del mundo, me pareció un tanto retorcida y ajena a la realidad de la dialéctica histórica tal y como la entiendo.
Y sin embargo, hoy el mundo se parece mucho más a lo que esos Chicago boys querían hacer con él. El Estado español no es una excepción, y el gobierno del PP parece haber tomado buena nota de lo que nos contara Naomi Klein.
Desde su llegada al poder político, el PP nos abruma diariamente con baterías de reformas y recortes que van todos en la misma dirección: un futuro en el que los servicios sociales ofrecidos por el estado a los ciudadanos sean casi inexistentes. Dichos servicios estarán gestionados por la empresa privada, y habrá que pagar por ellos. El que pueda pagar, los disfrutará, y el que no, engrosará enormes bolsas de exclusión y desesperación, que ya existen hoy en día.

No hay duda de que Estados Unidos es un modelo al que se está imitando a lo largo y ancho del mundo. Pero hay otros. Principalmente en Asia, y en Latinoamérica, a pesar de algunos gobiernos que intentan plantear alternativas que reviertan la tendencia. Son sociedades con profundas desigualdades de clase, una burguesía y pequeña burguesía adinerada enriquecida y autosuficiente en lo cotidiano, capaz de ir a trabajar en helicóptero y proteger sus barrios exclusivos con alambradas y guardias armados; una clase media insignificante, si tenemos en cuenta lo que ha significado esta en los países con un mínimo estado del bienestar; una clase trabajadora empobrecida, viviendo al límite de su subsistencia básica; y grandes bolsas de pobreza, exclusión, analfabetismo y marginalidad.
Sin embargo, este mundo ideal no responde a las maquinaciones perversas de un grupo de profesores de universidad con ansias de grandeza. Responde a unos intereses de clase que han sido impuestos a sangre y fuego desde hace décadas. Hoy nos encontramos ante una doble crisis. Una crisis financiera que la clase dominante ha sabido socializar, haciéndonos creer que es una crisis económica general (las recetas para solucionar esa crisis financiera sí están destruyendo la economía real), y una crisis de la izquierda y las organizaciones de la clase trabajadora, cuya responsabilidad era oponerse desde el primer momento a este proceso. No lo han hecho. Porque desde hace al menos cuarenta años, llamémosle Tercera Vía o Compromiso Histórico, esas izquierdas decidieron que el capitalismo liberal era imparable y que la única función que podían asumir era la de gestionarlo de la mejor manera posible a través de su participación en las instituciones de la democracia representativa. Creyeron que para calmar al león lo mejor era meterse en su jaula, y el león se los comió. O, de tanto decir y actuar como si el capitalismo liberal fuera imparable, ahora no pueden hacer nada por detenerlo. ¿Pero es realmente imparable el capitalismo liberal?

Pocos días después de la huelga general del 14 de noviembre, el gobierno español anunció una subida de las pensiones muy por debajo del IPC, lo que supone una nueva disminución de la capacidad adquisitiva de los pensionistas y de su nivel de vida. El shock continúa, como continúan las mentiras y la hipocresía, y una escalada represiva que muestra a las claras la amarga realidad de lo que Santiago Alba Rico denominó posdemocracia. El que crea que se pueden cercenar los derechos sociales dejando intactos los derechos políticos, va listo.
La cuestión ahora es qué camino debemos emprender, visto lo difícil de llevar a cavo movilizaciones que culminen en éxitos concretos.
Desgraciadamente no hay atajos ni fórmulas nuevas que podamos inventar. En cuanto a la movilización, es importante percibir, más allá de las particularidades de cada sector, de cada comunidad autónoma o país, la existencia de un proyecto común y de unas instituciones comunes del capitalismo liberal globalizado. Y en concreto en el Estado español, lo común de unas políticas que impone el PP, que impuso el PSOE en su día y que vienen marcadas, no sin contradicciones, por la agenda de esas instituciones internacionales. Para hacer frente a estas políticas, hay que entender toda movilización, ya sea general o sectorial, ya sea laboral, social o política, como un eslabón más de un proceso de movilización generalizado que debe seguir extendiéndose y expandiéndose.

En esa dirección debemos movernos. Más movilizaciones, más gente indignada en las calles, mayor diversidad de tácticas, más frentes abiertos, sin olvidar la necesidad de confluir en unas demandas fundamentales ante un enemigo común, y la necesidad de confluir también periódicamente en movilizaciones globales. Las huelgas generales como la del 14N pueden ser momentos clave en este sentido, durante las cuales se escenifica el descontento general y se apuesta por una medida de fuerza colectiva.
En cuanto a la cuestión política, esta sigue siendo de vital importancia, como lo es la necesidad de que cualquier alternativa a este respecto esté vinculada a la dinámica de las movilizaciones sociales. El esperanzador resultado de las CUP-Alternativa d’Esquerres en las pasadas elecciones al Parlamento catalán, demuestra la existencia de un espacio político abierto y fértil para proyectos asamblearios, horizontales, radicales y combativos que pongan sobre la mesa una nueva forma de hacer política. Ni políticos profesionales ni acumulación de cargos, ni de mandatos.

No hay modelos trasplantables, claro, pero sí modelos que pueden servir de guía en lo esencial. La necesidad es acuciante, la ofensiva del enemigo, descomunal, y también la fuerza que puede desperdiciarse si no logra canalizarse en una alternativa concreta y real. Democracia de base. Esta es al fin la demanda fundamental.

Lucha social, lucha política. La doctrina del shock, la lucha de clases, no ocurre al otro lado de la calle, nos ocurre, bajo nuestros pies, en este instante preciso.