Y no es algo
que le pasa a otra gente. Takiji
Kobayashi EL PESQUERO
Hace un tiempo
vimos el documental LA DOCTRINA DEL SHOCK, o leímos tal vez el libro de Naomi
Klein, y algunos pudimos pensar que, si bien contenía gran parte de verdad,
también contenía una visión de la realidad un tanto conspirativa. La historia
es dinámica y se mueve empujada por sus contradicciones. Si bien es cierto que
la hacen las personas. La idea de un grupo de individuos planificando desde una
universidad el futuro del mundo, me pareció un tanto retorcida y ajena a la
realidad de la dialéctica histórica tal y como la entiendo.
Y sin embargo,
hoy el mundo se parece mucho más a lo que esos Chicago boys querían hacer con él. El Estado español
no es una excepción, y el gobierno del PP parece haber tomado buena nota de lo
que nos contara Naomi Klein.
Desde su llegada
al poder político, el PP nos abruma diariamente con baterías de reformas y
recortes que van todos en la misma dirección: un futuro en el que los servicios
sociales ofrecidos por el estado a los ciudadanos sean casi inexistentes.
Dichos servicios estarán gestionados por la empresa privada, y habrá que pagar
por ellos. El que pueda pagar, los disfrutará, y el que no, engrosará enormes
bolsas de exclusión y desesperación, que ya existen hoy en día.
No hay duda de
que Estados Unidos es un modelo al que se está imitando a lo largo y ancho del
mundo. Pero hay otros. Principalmente en Asia, y en Latinoamérica, a pesar de
algunos gobiernos que intentan plantear alternativas que reviertan la
tendencia. Son sociedades con profundas desigualdades de clase, una burguesía y
pequeña burguesía adinerada enriquecida y autosuficiente en lo cotidiano, capaz
de ir a trabajar en helicóptero y proteger sus barrios exclusivos con alambradas
y guardias armados; una clase media insignificante, si tenemos en cuenta lo que
ha significado esta en los países con un mínimo estado del bienestar; una clase
trabajadora empobrecida, viviendo al límite de su subsistencia básica; y
grandes bolsas de pobreza, exclusión, analfabetismo y marginalidad.
Sin embargo,
este mundo ideal no responde a las maquinaciones perversas de un grupo de
profesores de universidad con ansias de grandeza. Responde a unos intereses de
clase que han sido impuestos a sangre y fuego desde hace décadas. Hoy nos
encontramos ante una doble crisis. Una crisis financiera que la clase dominante
ha sabido socializar, haciéndonos creer que es una crisis económica general
(las recetas para solucionar esa crisis financiera sí están destruyendo la
economía real), y una crisis de la izquierda y las organizaciones de la clase
trabajadora, cuya responsabilidad era oponerse desde el primer momento a este
proceso. No lo han hecho. Porque desde hace al menos cuarenta años, llamémosle
Tercera Vía o Compromiso Histórico, esas izquierdas decidieron que el
capitalismo liberal era imparable y que la única función que podían asumir era
la de gestionarlo de la mejor manera posible a través de su participación en
las instituciones de la democracia representativa. Creyeron que para calmar al
león lo mejor era meterse en su jaula, y el león se los comió. O, de tanto
decir y actuar como si el capitalismo liberal fuera imparable, ahora no pueden
hacer nada por detenerlo. ¿Pero es realmente imparable el capitalismo liberal?
Pocos días
después de la huelga general del 14 de noviembre, el gobierno español anunció
una subida de las pensiones muy por debajo del IPC, lo que supone una nueva
disminución de la capacidad adquisitiva de los pensionistas y de su nivel de
vida. El shock continúa, como continúan las mentiras y la hipocresía, y una
escalada represiva que muestra a las claras la amarga realidad de lo que
Santiago Alba Rico denominó posdemocracia. El que crea que se pueden cercenar
los derechos sociales dejando intactos los derechos políticos, va listo.
La cuestión
ahora es qué camino debemos emprender, visto lo difícil de llevar a cavo
movilizaciones que culminen en éxitos concretos.
Desgraciadamente
no hay atajos ni fórmulas nuevas que podamos inventar. En cuanto a la
movilización, es importante percibir, más allá de las particularidades de cada
sector, de cada comunidad autónoma o país, la existencia de un proyecto común y
de unas instituciones comunes del capitalismo liberal globalizado. Y en
concreto en el Estado español, lo común de unas políticas que impone el PP, que
impuso el PSOE en su día y que vienen marcadas, no sin contradicciones, por la
agenda de esas instituciones internacionales. Para hacer frente a estas
políticas, hay que entender toda movilización, ya sea general o sectorial, ya
sea laboral, social o política, como un eslabón más de un proceso de
movilización generalizado que debe seguir extendiéndose y expandiéndose.
En esa dirección
debemos movernos. Más movilizaciones, más gente indignada en las calles, mayor
diversidad de tácticas, más frentes abiertos, sin olvidar la necesidad de
confluir en unas demandas fundamentales ante un enemigo común, y la necesidad
de confluir también periódicamente en movilizaciones globales. Las huelgas generales
como la del 14N pueden ser momentos clave en este sentido, durante las cuales
se escenifica el descontento general y se apuesta por una medida de fuerza
colectiva.
En cuanto a la
cuestión política, esta sigue siendo de vital importancia, como lo es la
necesidad de que cualquier alternativa a este respecto esté vinculada a la
dinámica de las movilizaciones sociales. El esperanzador resultado de las
CUP-Alternativa d’Esquerres en las pasadas elecciones al Parlamento catalán,
demuestra la existencia de un espacio político abierto y fértil para proyectos
asamblearios, horizontales, radicales y combativos que pongan sobre la mesa una
nueva forma de hacer política. Ni políticos profesionales ni acumulación de
cargos, ni de mandatos.
No hay modelos
trasplantables, claro, pero sí modelos que pueden servir de guía en lo
esencial. La necesidad es acuciante, la ofensiva del enemigo, descomunal, y
también la fuerza que puede desperdiciarse si no logra canalizarse en una
alternativa concreta y real. Democracia de base. Esta es al fin la demanda
fundamental.
Lucha social,
lucha política. La doctrina del shock, la lucha de clases, no ocurre al otro
lado de la calle, nos ocurre, bajo nuestros pies, en este instante preciso.