19 de julio de 2006

Pronósticos funestos

(Texto escrito antes de la invasión israelí del Líbano)
La retirada de los colonos israelíes de Gaza, perpetrada unilateralmente por el gobierno del difunto Ariel Sharon, despertó entre la opinión pública internacional un sentimiento de esperanza respecto a la posible resolución del enquistado conflicto palestino. Al mismo tiempo, entre la población de la totalidad de los territorios ocupados se extendía un cierto sentimiento de euforia. Las principales organizaciones de la resistencia interpretaron sin dudarlo la retirada como un éxito de sus esfuerzos y estrategias.

Tal vez la llegada de Hamas al poder en la ANP pueda considerarse una consecuencia de esta forma de entender los acontecimientos, aunque dicha organización ya hace tiempo que se ha convertido para los palestinos en la principal abanderada de su lucha contra la ocupación israelí.
La retirada de los colonos no ha supuesto ninguno de los cambios que algunos esperaban. La última escalada bélica y represiva que Israel está desencadenando sobre los territorios ocupados, se ha encargado de evaporar cualquier esperanza que haya podido despertar la decisión, tomada después de un referéndum, de seguir evacuando colonos en algunos de los asentamientos ilegales de Cisjordania. Las imágenes que nos dejó el bombardeo de la playa de Gaza hace unos días, pusieron en evidencia lo que se esconde detrás del plan Sharon. Gaza se ha convertido en un inmenso campo de concentración cuya población se encuentra indefensa ante las incursiones y los ataques del ejército israelí.
Ahora mismo se está llevando a cabo una invasión a gran escala, como represalia por el secuestro de un soldado de 18 años por parte de la resistencia palestina. Se han detenido a 88 dirigentes de Hamás, algunos de ellos miembros del gobierno de la ANP, y se sigue sometiendo a la población a grabes restricciones de luz, agua y alimentos.
Mientras esto ocurre, los líderes de Hamas y de Fatah han firmado el llamado Documento de los presos, un texto que supondría el reconocimiento implícito del estado de Israel y la aceptación de las fronteras de 1967 para el futuro estado Palestino.
Entre la comunidad internacional parece haber un consenso en considerar que el paso dado por Hamas es indispensable si quieren ser considerados un interlocutor válido en cualquier mesa de negociación o si quieren recibir las ayudas económicas que recibía anteriormente el gobierno de Fatah. Sin embargo, como demuestran los últimos acontecimientos, Israel no reconoce más frontera que aquella que le interesa a su proyecto de colonización, ni respeta, como ha demostrado su historia de medio siglo, la soberanía de los estados a su alrededor.
Puede ser que la firma de este documento zanje de una vez el conflicto abierto entre las dos organizaciones palestinas. El final del tan proclamado riesgo de guerra civil y la reconstrucción del la unidad nacional, son también consecuencias posibles y nada desdeñables. Pero el documento de los presos no va a esconder las contradicciones a las que se encuentra sometido el gobierno de Hamas, atrapado entre la presión militar israelí y el chantaje de la comunidad internacional por un lado, y las ansias de libertad y resistencia del pueblo palestino por el otro.
Aunque el establecimiento de la ANP se vivió como un paso adelante en la resolución del conflicto, las sucesivas negociaciones entre Israel y los gobiernos palestinos han escondido a los ojos de la comunidad internacional, un empeoramiento progresivo de las condiciones de vida en los territorios ocupados. Cuando se habla del fracaso electoral de Fatah se elude a la corrupción, sin embargo se olvida lo que supone la principal razón por la cual la población palestina apoya a Hamas: el rechazo a la política de compromisos con Israel llevada a cabo por un gobierno visto en el peor de los casos como colaboracionista.
La muerte de Arafat abrió una nueva etapa de cierta incertidumbre en el conflicto, sin embargo hay certezas que siguen inmutables: el proyecto étnico-colonial israelí. Mientras la comunidad internacional y la comunidad judía en la Palestina histórica no entiendan la naturaleza racista y genocida de este proyecto, difícilmente se encontrarán soluciones aceptables.